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Corset Rojo
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Esperando Verte
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La mesa de los suspiros (detalle)
La mesa de los suspiros (...
La mesa de los suspiros
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La porcelana de Poitier
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Marcela de la Vela Perpetua
Marcela de la Vela Perpet...
Sister Mother
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Texto Curatorial Lighted Portraits

Pedro Ochoa

Agregado Cultural
Consulado General de México en San Diego
San Diego, California 2012.

ALEJANDRA PHELTS RAMOS
Noviembre 13, 2012.

Baja California ha tenido que inventarse apresuradamente a sí misma sobretodo en las últimas décadas. Me refiero, evidentemente, en términos de identidad y, particularmente, artísticos. La construcción de estas categorías ha sido, hay que admitirlo, recientes.
En Baja California no hemos tenido escuelas o tendencias artísticas identificables. Estas, en otras latitudes, han funcionado como referentes obligatorias. Como camino a seguir o como trayecto a abandonar. Como tradición para ser continuada o para ser cuestionada, no son del todo negativas.

Parafraseando a Carlos Fuentes, al no haber centros, nadie es excéntrico, es decir, al no haber en Baja California ni escuelas ni tendencias artísticas clásicas, ningún artista se es un outsider.

No es casual que la mayoría de los artistas bajacalifornianos se encuentren vivos muy pocos han desaparecido, de sus vivencias hemos aprendido, que tuvieron que salir de la entidad para poder cristalizar sus inquietudes artísticas e ir buscando poco a poco su espacio y un estilo propio que los identifique.

El caso de Alejandra Phelts Ramos, Mexicali, Baja California (1978), no es la excepción, se trata de una joven que decide voltear los ojos al arte para construirse a sí misma. Ella decide viajar a Europa para estudiar arte y conocer las diferentes corrientes pictóricas y las diversas tendencias estéticas.

Como resultado, Alejandra regresó con los ojos ahítos de colores y formas nunca antes imaginadas y con un interés en la pintura que no había tenido tan claro en su natal Mexicali. Aunque no niega que el arte le llamaba la atención en una casa en que se había fomentado el aprecio por la literatura, la música y las clases de pintura. Pero quizás, tuvo que confirmar lo que ha dicho el filósofo Raymundo Morado, también bajacaliforniano, (que) el espejismo requiere la distancia. Quizás así alejada de su familia y de su entorno, pudo avizorar a lo lejos, el aparente espejismo que la pintura ofrece. Ya que así se aprecia su obra, tomada a la distancia. Porque a lo lejos, se distinguen a sus personajes con rostros en tonalidades blancas y negras, eso sí, ataviados en cromáticos vestuarios, casi siempre en fondos neutros, para destacarlos a ellos aún más. No se trata de economía plástica, si no de exaltación de los sujetos, de acentuar las facciones, los gestos, los pliegues de las prenda, en eso quiere Alejandra que concentremos nuestras miradas. El efecto está muy bien logrado: los personajes emergen luminoso de un ambiente plano. También son entrañables porque han sido concebidos en momentos de la vida cotidiana, sin artificios ni trucos. Por eso aparecen rodeados de utensilios del diario, como el tendedero o los trastes.

En la obra de Alejandra también hay aprecio por el rigor, hay firmeza en el trazo, claridad en los rostros, nitidez en las expresiones y claridad en la concepción general de cada obra. No hay tampoco una pincelada de más, solo las estrictamente necesarias.

Alejandra Phelts, ha encontrado las dimensiones estéticas de un espacio muchas veces ignorado, sus personajes están condecorados por la sutil belleza de la vida cotidiana.

 

Dr. Heberto Xavier Peterson.

Director General Académico Universidad Iberoamericana Campus Tijuana, B.C.

Ver una obra de arte, una pintura, una representación o performance es algo único. El autor nos ofrece una entrada a un mundo personal, donde las interpretaciones y percepciones entran en juego, entre la propuesta del autor y lo que el sujeto observa, escudriña e interpreta.

En la Obra de Alejandra Phelts vemos la entrada a ese mundo único, incategorizable, donde no necesariamente lo que se muestra pertenece a una corriente de pensamiento ya definido o un postulado a través del arte.

Hay una mezcla de mensajes a través de estilos y formas. La conceptualización de una realidad que en primera instancia tiene significado para quién crea la obra y la ofrece al mundo para que refleje “algo” que debe ser encontrado e interpretado y apropiado.

Ver figuras humanas, en posturas de convivencia muy cercana, evoca situaciones de familia donde la expresión y el arreglo de las formas mezclan lo tradicional con lo moderno en algo nuevo que a la par rescata espacios cotidianos.

Partir de una foto cuidada, trasladarla a la pintura, y hacer que converjan en texturas diversas, da un toque particular y un sentido de expresión en otra dimensión. Invita un juego con los sentidos a través del manejo del color y la expresividad de la escena.

“El performance” como le llama Alejandra, de mostrar situaciones humanas en material artificial, nos lleva a un mundo que partiendo de lo real, muestra una fantasía de algo que es y a la par no es. Reflejo de algo posible, como muestra de ese algo que existe y es disfrutable en otro contexto.

Al final, el que un artista comparta a través de su obra su visión de mundo, refleja cómo desde una experiencia humana concreta se da vida a expresiones específicas.

Una propuesta subjetiva, que nos dice “así veo el mundo”, “así lo interpreto” y “así lo quiero mostrar”, y en ese compartir, somos interpelados a resignificar y a apropiarnos de la obra y a generar, en comunidad una nueva experiencia.


Retratos Iluminados

por la Maestra Viky James Perez

Curadora y Crítica de Arte.


Si me pidieran que identificara la obra de Alejandra Phelts con una palabra optaría por temporalidad. Los que nos hemos mantenido cerca de su trabajo artístico, sin limitantes nos damos cuenta que este elemento abstracto, que enmarca la vida y los sucesos, no escapa a la estética de Alejandra y en ello lo encierra casi todo.

Con la Serie Costura, la artista hizo un derroche en cuanto a la representación de todo un ambiente per se femenino, insistiendo en el acto de puntadas, dobladillos y tejidos como el eje central temático, no obstante de que se encontraban otras subtramas muy bien abordadas en el conjunto de obras, tales como la factualidad de los trajes como uno de los eventos preferido y trasladado de generación en generación, o por otra parte la “conspiración“ femenina a partir de lo gestual y la confidencia, con lo que se revela un conocimiento de la filosofía de la mujer de hoy, y porqué no de épocas pasadas.

Ahora Alejandra nuevamente sorprende con el proyecto Retratos Iluminados, esta vez extendiendo el uso de las técnicas para, desde la mixtura, el collage, la instalación, el performance y la fotografía (en muchos casos haciendo uso a una misma vez de varias de estas), asumir un universo temático ya no solo circunscrito a lo esencialmente femenino, sino que se amplifica para recrear otras lecturas.

Sin embargo, no deja de ser la figura humana el centro visual que engancha en todas las piezas, reforzada por otros elementos con los que perfecciona el discurso, como lo puede ser el atuendo. En esta línea de pensamiento es significativo el que sus mujeres – solas o acompañadas – siempre están a la expectativa o en función de un algo más allá de lo genuino, de lo que les puede o no interesar o suceder en el justo instante, en una constante actuación que refiere un subtexto que se extiende a partir de lo observado. Esperando verte y En la distancia son obras que se mueven en esta dirección; si bien es evidente que sus protagonistas pertenecen a dos épocas diferentes – asumido ello por las características de los vestidos – a ambas les es común el acto bien de la espera o de la despedida, y no en vano el gesto del rostro en una y corporal en la otra lo declaran. Se torna a su vez interesante cómo la artista se vale de la vestimenta para ubicar temporalmente el discurso de cada una, ratificando el hecho de que responden a tiempos en las que el recato y los comportamientos eran además incomparables.

En contraste a la soledad, y aproximándose a un discurso en extremo dramático, Alejandra Phelts expresa en otro grupo de obras una simbiosis entre acción, espacio y tiempo. En este sentido retoma conductas muy propias del género femenino en torno a las cuales se hallan los personajes, concentrados en plena labor. Si bien en Las bordadoras la organicidad hace gala, y favorece la dirección visual hacia el centro del conjunto, lo más importante de la obra son los trajes de diversos colores que visten ellas así como los aros para bordar, elementos simbólicos que la artista aúna en el lienzo tal vez con el propósito de insistir aun más en los quehaceres de género.

Algo similar provoca Todo sobre mi madre en la que la idea de la tradición necesaria entre generaciones, cobra una gran dimensión en la poética. Si bien los cambios sociales así como los avances que estos conducen, traen consigo movimientos en las prioridades de las nuevas generaciones, no deja de constituir un gran valor para las familias, el que las costumbres y / o aquellos placeres que se han venido compartiendo entre épocas no se detengan. Y hacia ello también la artista hace girar la mirada para insistir en todo aquello que debe tener una continuidad; no creo sea gratuito el símil o paralelo entre madre e hija al estar sentadas en sillones iguales, vestirse con los mismos colores y por demás tener como hilo preferido para el tejido el rojo. La ubicación de los dos centros visuales en esta obra es destacable, por lo que el espectador se verá obligado a ir de un lado a otro y de arriba hacia abajo captando los detalles que componen la pieza, y con ello casi sentir la tensión del hilo o el movimiento de las agujas entre las manos de mujer y niña.

Retomando lo epocal construye Hermana madre obra en la que, de manera muy eficaz, la creadora retoma los atuendos como eje focalizador del conjunto. Estas dos mujeres que comparten un mismo núcleo sintetizan un momento, un instante cultural atrapado con todo lo le caracteriza y saben deben externar con orgullo; no solo por ser lo que les tipifica o identifica sino además porque es lo aceptado por una mayoría social. Esta obra es lúdica por excelencia, verla causa placer a la vez que caracteriza todo un estilo creativo fundado en lo raigalmente femenino.

Alejandra incursiona además en la instalación, fotografía y el performance en una representación muy peculiar. En este caso hace coincidir una de las primeras técnicas con la acción, y con ello rompe con la tradición al recombinar géneros y por tanto concebir una obra enriquecida y atractiva como lo son La mesa de los suspiros o Durmiente I y II en las que el histrionismo de las participantes es regente, y compite bien con lo instalativo de las piezas dispuestas en la mesa o con el clic fotográfico. Y nuevamente regresa ante uno el mundo de las mujeres, para quienes el momento de sentarse a la mesa es deleitable y esperado, porque es un tiempo y un espacio que saben es solo de y para ellas, o bien la espera tranquila y paciente que se debe asumir llegado el turno del matrimonio.

Alejandra Phelts crece como artista y con ello aumenta el asombro nuestro ante cada obra. Creo que es sumamente admirable la técnica que utiliza en sus pinturas, en las que suma al lienzo la vestimenta de cada personaje, esta realizada como una obra aparte y no menos importante, porque justamente es uno de los complementos que aporta un sello propio y auténtico. Por otra parte el dominio de la figura humana, la insistencia en las líneas expresivas así como la construcción de los ambientes revelan una factura exquisita. Por ello miro y vuelvo a mirar cada una de estas piezas de las que hoy hablo, y siento que al rato me encontraré a mí misma sentada en la mesa de los suspiros, o quien sabe si también, hablando todo sobre mi madre.