RSS
Alegre Contrario
Alegre Contrario
Habana Nights
Habana Nights
Azul de Mañana
Azul de Mañana
Agosto Naranja
Agosto Naranja
Cielos Cambiantes
Cielos Cambiantes
Susana en Primera
Susana en Primera
Peces de Ciudad
Peces de Ciudad
Bienvenido a Tijuana
Bienvenido a Tijuana
Carro de mi corazon
Carro de mi corazon
Incendio 1000 km/hr
Incendio 1000 km/hr
 
 
Powered by Phoca Gallery

Introducción a Serie Cart

 

Serie Cart de Alejandra Phelts

Réquiem Alegre a dos Bandas y Neumáticos

Por Daniel Chavez
Dr. Prefesor Asistente, Escuela de Artes y Ciencias, Universidad de Virginia

Charlottesville, Virginia, Diciembre 2007

Si el convulso siglo que ya enterramos nos ha dejado algo como herencia es una serie de actas de defunción para la pintura, para la novela, para el cine. Sin embargo, todos estos medios y formas parecen gozar de inmejorable salud si hacemos caso de los periódicos y de el internet pues a pesar de tan desolado panorama, los jóvenes y los viejos (algunos) seguimos frecuentando galerías, comentando las novedades de librería (habiendo leído o no) y haciendo largas colas para asistir a estrenos. Nadie podrá negar que el internet ha venido a reforzar el voyeurismo y consumo visual de los espectadores contemporáneos en formas insospechadas, a veces sutiles, a veces escandalosas.

Pero hay otra muerte anunciada que la realidad se ha encargado de desmentir. Desde los tiempos del transporte colectivo y de la propulsión a chorro el automóvil tenía su sentencia suspendida. Podríamos creer que en este milenio de preocupaciones ecológicas, legítimas de fondo, aunque con frecuencia extrañas y contradictorias de forma –sembrar maíz para producir etanol puede resultar antieocológico-  nuestro fetiche del consumo y el prestigio individual del siglo veinte - el automóvil- está a punto de cumplir su condena o al menos a punto de convertirse en un aparato electrodoméstico. Si esto resultara cierto, la pérdida del motor de combustión interna no sería suficiente para enterrar el sueño de Daimler y Ford de ponerle cuatro ruedas a la voluntad y a los deseos de cada uno de los habitantes de la tierra. Toda muerte prematura será desmentida en breve por los miles de automotores que engrosan las filas de las autopistas y calles del mundo y en especial de las calles recién inauguradas de la India y China cuyos habitantes están a punto de entrar en masa al sueño colectivo de la autolocomoción.

Así como sucede con todos los pretendidos funerales de nuestras formas de expresión – en la mayoría hay más comparsa que entierro- y lo cierto es que tanto la pintura como el automóvil gozan de plena salud en la calle, en la casa, en el internet y gracias a la obra de Alejandra Phelts, ahora también en la galería. En su Serie Cart, Phelts desarrolla dos líneas principales de exploración de una visión heroica e irónica del transporte individual. Los “retratos” y las “escenas colectivas.”  Aparte de la propuesta cromática de un humor y frescura que nos sorprenden tratándose de un medio de transporte al que ya pocos considerábamos capaz de poco más que comercialismo y consumismo, Phelts rescata o re-inventa una perspectiva sutil y sencilla que muchos hemos compartido al subir o al manejar nuestro primer automóvil: la siempre fresca, aunque muchas veces olvidada,  novedad del movimiento. Entre los textos de la teoría del cine se cuenta que la invención del medio debe tanto a la fotografía como a la del automóvil. El transporte particular hizo que la transformación continua del paisaje urbano o bucólico ante los ojos de quien recorre distancias o maneja un automóvil sean un precursor directo del paneo y el barrido, dos movimientos de cámara fundamentales para cualquier cinta que se precie de tener dinamismo. Así cine y automóvil, desde sus inicios están ligados en esa obsesión moderna por el movimiento y por supuesto en su encarnación más extrema en la pasión por la velocidad. Es esta asociación de movimiento e imagen a la que Phelts aspira. Nos queda claro que la pintura se nutre de instantes más que de secuencias, pero el color y las texturas más los sugerentes títulos reconfiguran una imagen mental de desplazamiento: Susana en Primera, Incendio a 1000 km/h, Cara Blanca y Exceso de Velocidad dan claras muestras de invocar la noción de recorrer el espacio con esfuerzo o bajo la influencia de la adrenalina. Más allá del virtuoso uso de técnicas y materiales, tela y madera, acrílicos y arenas, estos cuadros de la serie reapropian recursos visuales que comparten la fotografía, el cine y el cómic.
En esta omnívora y libre recomposición de la retórica visual radica la frescura de la propuesta de Phelts.

Más allá de lutos y nostalgias inútiles de la pintura “acorralada y desahuciada” que supuestamente ha perdido la larga batalla contra los medios visuales de hoy, Phelts celebra, cita, incorpora y reapropia los recursos dinámicos del cómic y la fotografía bajo la exigencia creativa y el rigor plástico de la pintura.  Aquí a una equidistancia de Liechtenstein y Warhol, no se trata de celebrar el objeto mismo como triunfo del consumo y de las nuevas retóricas del objeto y de la óptica de la masa, la tela y la madera, celebran al auto con un espíritu de reinvención y de juego a lo Klee. Cierto no hay una búsqueda fenomenológica a lo “Habitación del Fantasma” o ni la fugacidad etérea de cierto “Ángel”, pero la variación cromática y la recomposición sucesiva y enteramente subjetiva de los colores de fondo en “Automarino” y en “Fuga de Vivaldi” nos sugiere que a más del juego metafórico e imaginativo entre título y tema, hay una búsqueda formal del color y sus potencialidades. El auto como objeto concreto de comercio y consumo implica la utilización vicaria del color como punto de inserción para satisfacer el “gusto del cliente.” Pero en estos dos casos los autos de Phelts, han revertido el impulso de marcar el objeto con el color para su empaquetado comercial y lo han desplazado -en un gesto de exteriorización de lo subjetivo - hacia el espacio de la composición. La gradación cromática de tonos de verde en “Fuga” absorbe o redefine por completo la función figurativa y realista de las carrocerías de autos. Las figuras de autos, en una discreta fila hacia la parte inferior -que contra las reglas de  la perspectiva aumentan en tamaño aunque también pierden en contundencia en la parte más alta del cuadro-  han sido absorbidas por la progresión del color de lo más oscuro en la base hacia las claridades del amarillo en la parte superior y también, de manera más sutil por la dinámica de las texturas que se sobrepone a los dos elementos anteriores.  Así la “Fuga de Vivaldi” traduce el sentido de progresión de la música a un “discurso” cromático en el que el mundo físico de metal, el caucho y los asientos ha sido proyectado hacia un espacio de interioridad paralelo al espectáculo que contiene. Me explico, la referencia a Vivaldi nos hace pensar que se refiere al acto común y – a veces nocivo para la salud-  de extender el “tiempo del espectáculo” (como lo llama Debord) al tiempo de trabajo dentro del auto. En Tijuana, así como en Nueva York y probablemente Mumbay, los pasajeros y el conductor escuchan música y convierten el tiempo de desplazamiento, o al menos lo intentan, en tiempo de esparcimiento.
A diferencia de la muerte retórica y/o académica del “autor” a manos de los postructuralistas franceses, o de la muerte del cine de acuerdo con Greenaway o ciertas vertientes del cine Dogma, el automóvil se resiste a morir en paz y regresa con furor ya no como artefacto sino como símbolo de consumo y espectáculo.